C/ Sorias, 13-17, 37002 Salamanca-España

La tecnología tiene muchas caras. Puede ser, en un mismo día, Alexa, el teclado predictivo de tu móvil, los subtítulos automáticos de YouTube, los semáforos que registran el volumen de tráfico o las lavadoras que miden la suciedad de la ropa. También puede ser un tutor que te guía en la conversación de la lengua que estás aprendiendo o que te ayuda en la enseñanza de la gramática y la fonética.

Estas últimas son aplicaciones con fines didácticos y pedagógicos que se utilizan como profesores reales. ¿Son eficientes? No lo ponemos en duda. ¿Son lo mismo? Rotundamente, no.

La diferencia entre aprender con algoritmos y hacerlo con un profesor es como ver una película o asistir a una función de teatro: la pantalla puede atraerte por el influjo irresistible de los efectos especiales, mientras que sentir la conexión humana a través de la transmisión de conocimiento y cultura puede llegar a transformarte.

Para ilustrar estas sensaciones con ejemplos, vale la pena referirnos a Hispano Continental, nuestra escuela, porque ha sido el bautismo de un buen número de estudiantes en el aprendizaje presencial. Después de dar los primeros pasos en el idioma de la mano de aplicaciones y plataformas –recursos útiles, de fácil acceso, económicos y disponibles en cualquier momento–, han sentido la necesidad de continuar con profesores para impulsar y profundizar sustancialmente su aprendizaje. Y la experiencia ha merecido la pena desde el primer día.

También es cierto que el componente sociocultural y el contexto de inmersión aportan su granito de arena, aunque conviene no desligarlos del aprendizaje presencial en el país donde se habla la lengua. Porque no todo está en los libros ni en las pantallas: el entorno y las experiencias cotidianas forman parte, como elementos enriquecedores, de la estancia lingüística.

La experiencia y formación del profesor son intangibles que, por muy evidentes que sean, suelen pasar desapercibidos. Su valor es incalculable y, a ellos, se suman la interacción constante, la empatía y más variables que forman una ecuación con un resultado claro: aprender con un profesor no tiene color, es decir, no tiene comparación ni rival.

Y el contexto o entorno juega un papel relevante para que el aprendizaje sea singular y memorable. La escuela está en Salamanca, ciudad que ya merece por sí misma una visita por su monumentalidad y su historia, y donde el español se convierte en la puerta de entrada para conocerla como viajero y no como turista.

Es decir, para pasearla con calma, descubrirla a pie y disfrutar de tener todo al alcance en distancias cortas, con seguridad y en un ambiente universitario y cultural, rodeados de esa “piedra de oro” de la que hablaba Unamuno, insigne pensador y rector vitalicio de la Universidad de Salamanca.

¿Te animas a probar? ¿Te animas a venir?