Todas las personas de Salamanca están convocadas cada 31 de octubre a los pies de la torre de la Catedral Nueva para ser testigos de una tradición que se ha mantenido viva a través de los siglos.
Esta tradición se remonta a mediados del siglo XVIII; un fuerte terremoto sacudió Lisboa el 31 de octubre de 1755 y los efectos llegaron hasta Salamanca. La población acudió a protegerse al interior de la Catedral Nueva, terminada pocos años antes. Aquella sacudida de la tierra provocó pequeños daños materiales en la estructura del edificio, aunque no hubo que lamentar, por suerte, pérdidas humanas.
Desde entonces (exceptuando los años comprendidos entre 1977 y 1984), el Mariquelo (un miembro de la familia así conocida que vivía en el interior la Catedral), sube a la torre de la Catedral Nueva en la víspera del Día de Todos los Santos como acción de agradecimiento a Dios por las consecuencias menores que tuvo aquel temblor. Ángel Rufino es conocido popularmente como El Mariquelo y, como representante de aquella familia y ataviado con el traje de charro y portando gaita y tamboril, protagoniza este acto, previo recorrido por el centro de la ciudad. Ante la mirada de las personas congregadas ante la Catedral Nueva, Rufino escalaba al principio (porque ahora ya no sale al exterior) el último tramo de la Torre de las Campanas para interpretar una charrada (baile típico de los salmantinos, también conocidos como charros), pedir por la paz y lanzar mensajes de solidaridad.
